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Archive for Dezembro, 2012

Toby Hemenway, in Our Finite World

Jared Diamond calls it “the worst mistake in the history of the human race.”(1) Bill Mollison says that it can “destroy whole landscapes.”(2) Are they describing nuclear energy? Suburbia? Coal mining? No. They are talking about agriculture. The problem is not simply that farming in its current industrial manifestation is destroying topsoil and biodiversity. Agriculture in any form is inherently unsustainable. At its doorstep can also be laid the basis of our culture’s split between humans and nature, much disease and poor health, and the origins of dominator hierarchies and the police state. Those are big claims, so let’s explore them.

Permaculture, although it encompasses many disciplines, orbits most fundamentally around food. Anthropologists, too, agree that food defines culture more than our two other physical needs of shelter and reproduction. A single home-building stint provides a place to live for decades. A brief sexual encounter can result in children. But food must be gotten every day, usually several times a day. Until very recently, all human beings spent much of their time obtaining food, and the different ways of doing that drove cultures down very divergent paths.

Anthropologist Yehudi Cohen (3) and many subsequent scholars break human cultures into five categories based on how they get food. These five are foragers (or hunter-gatherers), horticulturists, agriculturists, pastoralists, and industrial cultures. Knowing which category a people falls into allows you to predict many attributes of that group. For example, foragers tend to be animist/pantheist, living in a world rich with spirit and in which all beings and many objects are ascribed a status equal to their own in value and meaning. Foragers live in small bands and tribes. Some foragers may be better than others at certain skills, like tool making or medicine, but almost none have exclusive specialties and everyone helps gather food. Though there may be chiefs and shamans, hierarchies are nearly flat and all members have access to the leaders. A skirmish causing two or three deaths is a major war. Most of a forager’s calories come from meat or fish, supplemented with fruit, nuts, and some wild grain and tubers.(4) It’s rare that a forager will overexploit his environment, as the linkage is so tight that destruction of a resource one season means starvation the next. Populations tend to peak at low numbers and stabilize.

The First Growth Economy

Agriculturists, in contrast, worship gods whose message usually is that humans are chosen beings holding dominion, or at least stewardship, over creation. This human/nature divide makes ecological degradation not only inevitable but a sign of progress.

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Piolhoso país em que nasci,

coio de inchados zeros vencedores,

de medíocres maus, de furta-cores,

de lázaros, de cães sem pedigree!

 

Sarcástica, de gozo, a gente ri.

São os péssimos tidos por melhores.

Pisam, brutais, angústia, pena, dores:

ah, se os compreendo! Ah! se os compreendi!

 

São arrobas de sebo e cornadura,

fornecedores de fábricas de pentes

e de soro, também, contra as bexigas.

 

São deputados, directores-gerais,

governadores, ministros, generais,

sem que passem de túmidas lombrigas.

 

Tomaz de Figueiredo, Poesia II, (In Telhados de Vidro,  17)

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para o primeiro e quase único blogue português empenhado em abrir brechas na muralha de ignorância sobre o pico petrolífero e sobre a falácia do crescimento exponencial. Refiro-me a Pico do Petróleo, e recomendo-o vivamente a quem não tenha pachorra para ler em inglês, já que Carlos Janeiro (muito ao contrário de mim) se dá à benemerência de explicar a coisa por palavras próprias e na língua de Camões.

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DMITRY ORLOV
(Traducción al español por Huan Manwë)

Introducción

Hace una década y media el mundo fue de bipolar a unipolar, porque uno de los polos se derrumbó: Ya URSS (S.U. en inglés) ya no existe. El otro polo—simétricamente llamado US—no ha caído—todavía, pero hay nubarrones oscuros en el horizonte. El colapso de los Estados Unidos parece hoy tan improbable como el de la Unión Soviética en 1985. La experiencia del primer colapso puede ser muy instructiva para aquellos que desean sobrevivir al segundo.

La gente razonable nunca discutiría que las dos superpotencias eran exactamente simétricas; entre otras similitudes significativas, tenían igualmente diferencias notables, ambas son valiosas al predecir cómo la segunda mitad de la superpotencia gigante con pies de barro que una vez se paseó por el planeta afrontará cuando se derrumbe.

He querido escribir este artículo desde hace casi una década. Hasta hace poco, sin embargo, poca gente se lo ha tomado en serio. Después de todo, ¿quién habría dudado que la potencia económica más importante del mundo que son los Estados Unidos, habiendo ganado recientemente la Guerra Fría y la Guerra del Golfo, continuaría triunfante en un futuro brillante de superautopistas, jets supersónicos y colonias interplanetarias?

Pero más recientemente el número de escépticos ha comenzado a aumentar firmemente. EEUU es desesperadamente dependiente de la disponibilidad de petróleo y gas natural barato, abundante y es adicto al crecimiento económico. Una vez que el petróleo y el gas se hagan caros (tal como lo están haciendo) y en un contexto de suministro cada vez más escaso (cuestión de uno o dos años como mucho), el crecimiento económico se detendrá, y la economía de los EE.UU. se colapsará.

Muchos pueden mofarse todavía de este prólogo, pero este artículo debería encontrar unos cuantos lectores de todas formas. En Octubre de 2004, cuando comencé a trabajar en él, una búsqueda de internet de “peak oil” y “colápso económico” tendían unos 16.300 documentos; para abril de 2005 ese número aumentó a 4.220.000 . Este es un cambio dramático en la opinión pública, por que lo que se conoce del asunto ahora es más o menos lo que se sabía hace una década, cuando sólo habia una sola web dedicada al tema: Dieoff.org de Jay Hanson. Esta marea de cambio en la opinión pública no se restringe sólo a internet, sino que es visible en la prensa corriente y en la especializada. Así, la falta de atención prestada al tema durante décadas resultó no solo de la ignorancia, sino de la negación: aunque la teoría básica que se usa como modelo y la fuente de predicción del declive se ha comprendido bien desde los 60, la mayoría de la gente prefiere negarla.

Negación

Aunque esto se salga un poco del tema del colapso soviético y lo que pueda enseñar algo sobre el nuestro, no puedo resistir decir unas pocas palabras sobre la negación, porque es un tema interesante. También espero que ayude a algunos de vosotros a ir más allá de la negación, siendo este un paso valioso hacia la comprensión de lo que voy a decir aquí.

Ahora que hay muchas predicciones haciéndose realidad más o menos en sus fechas, y que se está haciendo cada vez más difícil ignorar el firme aumento de los precios de la energía y las advertencias de los expertos en energía de todo pelaje, la negación directa se está viendo gradualmente reemplazada por formas más sutiles de negación, que se centran en evitar cualquier discusión seria y sensata de las consecuencias probables del cenit del petróleo, y las formas en las que podremos sobrellevarlo.

En vez de eso, hay mucha discusión de política: lo “nosotros” que debemos hacer. Ese “nosotros” en la pregunta es algún tipo de reminiscencia del Espíritu del Puedo-Hacerlo americano: un consorcio de agencias gubernamentales brillantemente no organizadas, llevando a universidades, centros de investigación, y corporaciones importantes a trabajar todas juntas hacia el objetivo de producir energía abundante, limpia, y ambientalmente segura, para espolear otro siglo de expansión económica. ¡Bienvenidos a la película del fin del universo!

Se oye a menudo que “podemos hacerlo, solo si queremos”. Más a menudo lo oímos de no especialistas, a veces de economistas, y casi nunca de científicos e ingenieros. Unos pocos cálculos en borrador bastan generalmente para sugerir otra cosa, pero aquí la lógica choca contra la fe en la Diosa Tecnología: ella nos salvará. En su altar hay ensamblados varios objetos rituales del Espíritu del Puedo-Hacerlo: una célula fotovoltaica, una célula de fuel, etanol y biodiesel. Fuera de este lado del altar hay una caja de Pandora llena de carbón, asfalto, hidratos oceánicos y plutonio: si la Diosa se enfada, liquida la vida en la Tierra.

Pero miremos más allá de la simple fe, y centrémonos en algo ligeramente más racional. Este “nosotros”, esta entidad resuelve-problemas altamente organizada, muy poderosa se está quedando sin energía rápidamente, y una vez que lo haga ya no será tan poderosa. Me gustaría sugerir que cualquier plan a largo plazo que intente resolverlo está condenado, simplemente porque las condiciones de crisis harán estos planes a largo plazo, junto con los proyectos grandes y ambiciosos, imposibles. Así, aconsejaría dejar de esperar algún milagroso dispositivo para poner en los SUV [los hummers y otros vehículos] y en los sótanos de cada McMansión, para que podamos vivir más felices siempre en este sueño suburbano, que se está pareciendo cada vez más a una pesadilla.

El siguiente círculo de negación se revuelve sobre lo que debe pasar inevitablemente si la Diosa Tecnología nos falla: una serie de guerras por los cada vez más escasos recursos. Paul Roberts, que está bien informado sobre el peak oil, tiene esto que decir “lo que los estados desesperados siempre han hecho cuando los recursos se hacen escasos…. es luchar por ellos”. No discutamos que esto nunca haya ocurrido, ¿pero se debe a algo más que a un inútil gesto de desesperación? Las guerras se comen los recursos, y cuando los recursos ya son escasos, las guerras por los recursos son un letal ejercicio de futilidad. Aquellos con más recursos supuestamente ganarían. No estoy diciendo que las guerras por recursos no ocurrirán. Sugiero que son inútiles, y que las victorias en estas guerras serán apenas distinguibles de las derrotas. También me gustaría decir que estos conflictos serían auto-limitantes: la guerra moderna emplea prodigiosas cantidad de energía, y si los conflictos se dan sobre las instalaciones de petróleo y gas, serán un fracaso como en Irak. Esto resultará en menos energía disponible, y consecuentemente menos guerra.

Tomemos por ejemplo, las dos últimas intervenciones de los EE.UU. en Irak. En cada caso, con resultado de las acciones de EE.UU, la producción de petróleo iraquí declinó. Parece ahora que toda la estrategia es un fracaso. Apoyar a Saddam, luego combatirlo, luego imponer sanciones, y finalmente echarle del poder, ha dejado los campos iraquíes tan dañados que la “última recuperación” estimada para el petróleo iraquí es ahora del 10-12% de lo que hubo alguna vez bajo tierra (según el New York Times).

Alguna gente incluso sugiera una guerra de recursos con un fin de partida nuclear. En este punto soy optimista. Como Robert McNamara una vez pensó, las armas nucleares son demasiado difíciles para ser utilizadas. Y aunque él ha hecho mucho trabajo para que sean más fáciles de utilizar, con la introducción de bombas pequeñas, tácticas, de batalla y por el estilo, y a pesar del reciente interés en “destruye-búnqueres” nucleares, todavía se hacen un lío, y son difíciles de encajar en una estrategia sensata que lleve a un suministro incrementado de energía. Notando que las armas convencionales no han sido efectivas en el área, esta poco claro en que las armas nucleares pueden producir mejores resultados.

Pero estos son detalles; el punto que quiero reseñar es que proponer guerras de recursos, incluso en un escenario pesimista, es todavía una forma de negación. La asunción implícita en esto es: si todo lo demás falla y vamos a la guerra y ganamos, el petróleo volverá a fluir, y volveremos a nuestros negocios habituales en un periquete. Otra vez, aconsejaría no esperar el éxito de una política global de acción para comerse la mayoría de los suministros de petróleo del mundo por los Estados Unidos.

Fuera de este último círculo de negación está un salvajismo enorme llamado el Colapso de la Civilización Occidental, dirigido por los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, como alguna gente te hará creer. Aquí no hay negación sino escasismo: la búsqueda del gran final, un capítulo final heroico. Las civilizaciones se colapsan –este es uno de los hechos más conocidos de ellas- pero como cualquiera que haya leído El declive y la caída del Imperio Romano te dirá, el proceso puede llevar siglos.

Lo que tiende a colapsarse de repente es la economía. Las economías, también, se sabe que se colapsan, y lo hacen muchísimo más rápido que las civilizaciones. Una economía no se colapsa en un agujero negro del que ninguna luz escapa. En vez de eso, otra cosa ocurre: la sociedad comienza a reconfigurarse espontáneamente, se establecen nuevas relaciones, evolucionan nuevas reglas, para encontrar un punto de equilibrio en una tasa de gasto menor de recursos.

Notemos que el ejercicio implica un alto coste humano: sin una economía, mucha gente se encontrará de repente tan indefensa como recién nacidos. Muchos morirán más pronto que de la otra forma: algunos llaman a esto un “die-off”. Hay una parte de la población que es la más vulnerable: los jóvenes, los viejos, y los enfermos; los locos y los suicidas. Hay otra parte de la población que puede sobrevivir indefinidamente con insectos y hojas de árbol. La mayoría de la gente estará entre los dos extremos. Una vez que aceptamos la idea de que no nos colapsaremos en la nada, sino que el colapso económico dará lugar a unas economías nuevas, más pequeñas y más pobres, podemos comenzar a razonar sobre las diferencias y similitudes entre un colapso que ya ha ocurrido y el que está a punto de suceder. A diferencia de los astrofísicos, que pueden predecir fiablemente si una estrella determinada se colapsará en una estrella de neutrotes o en un agujero negro siguiendo medidas y cálculos, yo tengo que trabajar con observaciones generales y evidencias anecdóticas. Sin embargo, mi experimento de pensamiento me permite adivinar la forma general de la nueva economía, y llegar a las estrategias de supervivencia que puedan ser de uso para individuos o pequeñas comunidades.

El Colapso de la Unión Soviética – un vistazo

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Steven Brown

 

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pois o Pior Pior é que tudo isto – o iminente colapso energético-ecológico-económico – não passa de uma brincadeira, de uma marxiana noite na ópera (mesmo incluindo no programa a presumível e talvez inevitável implosão política e social), se comparado com ISTO: a Sexta Extinção em 2050 .

Em poucas poucas palavras, o desafio é o seguinte: temos oito anos para vencer o mano-a-mano com o mano Metano, o Titã do Permafrost, oito anos para  impedir que se vá de vez o gelo no Ártico e a temperatura média deste lindo planeta alcance os 26 º C da Extinção Permiana.  Para isso teremos, entre outras coisas igualmente fáceis e divertidas, de cortar as emissões de CO2 entre 50%  e 90%  (dependendo do país) até 2020. Ou seja, o colapso da sociedade industrial e da economia de consumo é afinal a nossa melhor esperança. E se ele é inevitável, quanto mais cedo ocorrer, mais útil será.

Quem o diz são cientistas do século XXI.  (Quanto aos resto da camada chamada intelectual  – políticos, filósofos, economistas, etc. – pode dividir-se em duas grosseiras talhadas: a dos que opinam (os mais estúpidos) que a coisa está em geral fraca mas vai melhorar já já, e a dos que defendem, os optimistas, que isto desce ainda um bocado mas depois pára.) Mas como aos cientistas ninguém liga peva (e muitos deles não estão preparados, como aliás se compreende, para desempenhar o constrangedor e nada lucrativo papel de Cassandras) tudo leva a supor que quando a Terrível Verdade dos Feedback Loops chegar às bocas locutoras dos canais de propaganda já será tarde, tarde, tarde.

Que se pode mais dizer?  Que pelo menos não nos podemos queixar, homo sapiens do presente, de termos nascido numa época monótona e sem nada para ver. Afinal, não é todos os milénios que se assiste ao fim do mundo.

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